Tóxico

proyecto

Me han cautivado los ciclos de construcción y diálogo en el arte, ejemplos fenomenológicos con origen en los sucesos sociales y comunidades hegemónicas-capitalistas donde el lenguaje global es una “cortina de humo” que permite acercarnos con objetividad aparente y vivencial. El testimonio es supremo y el conocimiento  circunstancial.

 El evento de la verticalidad global -en un lenguaje capitalista- nos ha dado en sus bases la capacidad de adaptación y pensamiento crítico con una visualidad propia, obtenida a lo largo de estos procesos.   

La realidad objetiva es víctima de los procesos legitimantes del poder, con una consecuencia en su gran parte nociva para el desarrollo socio-capital donde el individuo es despojado de sus características sustantivas y se transforman en un ente representativo de unidades capitales. La realidad supera los ejercicios de reflexión los cuales crean un lenguaje paralelo en una “realidad distinta”. Los intercambios infinitos entre estos paralelos son el resultado de un comparativo desigual entre dos grandes masas antagónicas entre sí pero indisolubles al mismo tiempo. Así a su vez las estructuras son más sólidas.

La relación concatenada de la insoluta acción-reacción, se hace presente ante cada situación o ejercicio, sometiendo al lenguaje visual a un sistema cíclico infinito, la imagen consumida para crearse en sí misma.

Tóxico es una propuesta para ser replicada por ende los sujetos no tienen nombre ni razón como individuos independientes debido a que son la base de esta fenomenología vertical donde la acción visual del sujeto es lo que importa. Cuando la esquematización filtra un entorno viciado de soluciones reflejadas sin proposición alguna, solo es un ejercicio reiterativo de lo ya establecido por la hegemonía vertical-capitalista, un sustrato de ecuaciones y búsquedas  terminadas.

Las reflexiones  ya son retórica visual en una sociedad que no repara en tiempos de modernidad.